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Soy mi nemesis

HELP!
John Lennon 1965


Todo a la cabeza
En una mesa de juego mal iluminada, viciada de humo, whiskis nacionales, faso paraguayo y merca cortada, el cabeza, presa de la atmósfera, se aposto el amor a ganador.
Años después supo que hay cosas que no se subestiman ni en pos de su propio bien, el quería verla volar y cuando se quiso acordar la perdió de vista, las naves se fueron quemando, hundiendo una a una y el regreso ya no fue una chance.
Daba pena verlo comer callado sin levantar la vista, los pies lo arrastraban de un lado a otro, más por inercia que por convicción.
No hay morfina suficiente para quien se daña el alma con las propias uñas, nada es gratis le dijo un ángel en la altura y con la cicatriz de los maldecidos sobrevivió, aparentemente.
Nunca nos dimos cuenta, pero en silencio se fue matando, de apoco sin que el orgullo se avive, una hemorragia que gotea, una célula que enloquece.


Un ruso al que no le prendía el chaleco de fuerza
Al ruso no le gustaba su lado débil, no toleraba su costado gentil. Fue por eso que un buen día prendió la cortadora de la carnicería y se rebano el costado derecho. De ese lado no esta el corazón, aclaro el psicólogo, por ende tanto daño no se quiso hacer.
El gritaba desaforado que podía vivir sin sus extremidades, al tiempo que los policías y enfermeros trataban de arrancarlo de la sierra.
En el hospital donde la internaron, era común verlo mirarse los brazos escuchar como les hablaba, “no los necesito para nada, puedo escribir con la boca, fueron mis amigos en una etapa inicial de poco equilibrio y el motivo de mi menosprecio a las piernas”
Así se fue caminando solo, tomando notas con la boca sobre una libreta que la cocieron al cuerpo.


Tocala de nuevo Mario
El cianditella tranquilamente podría ser un sobreviviente de chernoville, daba la impresión de estar radioactivo, era un rejunte de chapas oxidadas plagadas de tétanos.
En su interior Mario de la Fuente se mojaba la cabeza con kerosén, hacia un calor terrible y le ardían los ojos. Por lo menos no me pican los mosquitos pensaba irónicamente.
El auto, o lo que quedaba de el, estaba sobre la vereda del puente que cruza el arroyo pantanoso en la entrada al Cerro de Montevideo, mirando hacia el puerto.
Todo paso muy rápido, por eso no tuvieron tiempo ni los malandros de robarle algo, de hecho estaba desnudo y solo tenia el chisquero, el bidón además de una fotos de su familia que luego seria consumida por las llamas.
Se supo después que de profesión albañil, siempre había querido tocar en la filarmónica y aquella tarde lo habían rechazado como clarinetista por enésima vez.

4 comentarios:

polanszky dijo...

Muy bueno Juancho. El mundial te inspira. Espero que sea el mundial y que no andés de malas.
Por lo que sea, las 3 historias están de puta madre.

Anónimo dijo...

Sos un capo Juan!!! Besos!!

Anónimo dijo...

MUY LINDO NENE!!!!!!!! ABRAZO PRIMO

Emepé dijo...

No veo por qué razón hay gente que le escribe ¨ Juan ¨ o ¨ Juancho ¨ al artista conocido como ¨ JICH ¨ . ¡No sean vejigas, manga de batilanas!
En cuanto a los textos, celebro con placer un estilo que aparece.

Besos, abrazo, cariños y un hasta la vista.
ea, ea, adrogué